La escalera imposible de Escher

Ésta fue mi experiencia disfrutando de la exposición de Escher en el Palacio de Gaviria de Madrid. Sin duda, un legado para la humanidad y una suerte verlo.

Como muchos ya sabéis de otras visitas como por ejemplo el Museo de las Matemáticas de Nueva York, soy un gran aficionado a esta ciencia exacta y todo lo relacionado con ésta a través de otras ciencias o el arte. Es por eso que, cuando vi que venía a Madrid la exposición de Escher, no lo pensé dos veces y miré para agendar una visita. Y es que es una de las cosas que más me gusta de vivir en Madrid, la gran variedad de exposiciones a la que uno tiene acceso. En este caso la exposición, que duró desde febrero a septiembre de 2017, tuvo lugar en el maravilloso Palacio de Gaviria (cerca de Sol).

La exposición estaba compuesta de 200 obras del magnífico visionario holandés. Maurits Cornelis Escher nació en Holanda y como no podía ser de otra forma, fue un mal estudiante. Aunque claro, en aquella época el tener un talento artístico como el que él tenía para el dibujo no se consideraba de ser buen estudiante. De hecho comenzó estudios de arquitectura que al poco tiempo abandonó para centrarse en lo que realmente se le daba bien, el dibujo (sobre todo la técnica del grabado en madera o xilografía).

La visita comenzaba con una película donde se explicaba la vida de Escher y cómo recibió las diferentes influencias que se ven en sus obras. Durante su vida artística, sus creaciones vieron el reflejo de dos países principales que inspiraron muchas de sus obras: Italia y España. El primer ámbito, por donde se comienza la visita, hace precisamente hincapié en la relación de Escher con el Art Nouveau, influenciado por su maestro Samuel Jessurum de Mesquita. Es en esta etapa donde Escher también muestra su fascinación con los monumentos italianos.

Tras esta parte, entramos en otra de las etapas más importantes de Escher como son las Teselaciones, inspirado en un principio por el arte nazarí y la arquitectura islámica de Córdoba y Granada. La visita continúa y Escher empieza a tener una marcada importancia en la representación de la Estructura del Espacio. Aquí una de las obras que más me impresionó fue el Autorretrato en un espejo esférico, donde se puede ver la obsesión por los elementos reflectantes. También destaca la forma de las teselaciones donde no se deja ni un solo espacio vacío, combinando figuras como se puede ver en Profundidad (imitando a una red atómica).

Optimista y Pesimista de Escher

Para Escher, el plano era un instrumento para entrecruzar elementos y formar un ciclo metamórfico. Hemos entrado en la cuarta parte de la exposición y sus obras comienzan a tomar mayor calado. Aquí destacan por ejemplo Encuentro (donde se dan la mano un optimista y pesimista, a partir de los cuales salen el resto de figuras) o Día y noche (donde uno no sabe muy bien si es el día el que da lugar a la noche o viceversa). Es este juego continuo e infinito de unión del espacio en el que destaca Escher y nos deja asombrados.

La línea que separa a Escher de los matemáticos es sutil y muchas veces no se distingue. Es precisamente esto lo que fascinó y nos sigue fascinando a gente de tan diversos ámbitos. Es la forma en la que refleja las ciencias exactas en arte, es su forma tan inverosímil de hacer posible lo imposible, lo que a día de hoy nos sigue pareciendo un misterio. Y con esto llegamos a la última parte de la exposición, que fue mi preferida y sin duda una de las más reconocibles. Obras como “Cóncavo y Convexo”, “Belvedere” o “Relatividad” nos siguen dejando absortos durante minutos sin acabar de entender cómo pudo ocurríserle tales representaciones.

La última parte de la exposición está dedicada a las obras por encargo que recibió y a lo que se conoce como Eschermanía. Y es esto último lo que ha llevado a Escher a ser portada de discos, a usarse sus obras e ideas en anuncios o películas como “Una noche en el Museo” o a ser plasmado en camisetas y otro merchandising. Sin duda Escher ha contribuido a la humanidad, dejando un gran legado que hoy día todavía se sigue estudiando. Y es por ello que ni yo, ni nadie con un poco de curiosidad (da igual lo qué hayas estudiado) debería perderse su exposición si regresa o va a otra ciudad.