Abby y Pedro en Mainake Vinos para la Cata de la Bodega el Niño de la Salina

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Tarde primaveral en Málaga, ideal para catar nuevos vinos de la provincia en Mainake Vinos. Experiencia en la cata de la Bodega El Niño de la Salina.

Las primeras veces que pasé por delante de Mainake Vinos, en Málaga, tenía mis dudas. El aspecto moderno de la tienda, con las botellas ordenadas, no me hacía pensar que fuera diferente de otras tiendas de la zona. Normalmente me suelo fijar en las tiendas con interiores de madera que parecen haber estado allí durante años. Pero en este caso, estaba totalmente equivocada.

Cuando finalmente me decidí a entrar a Mainake Vinos en el barrio de la Victoria, su dueño, José, saltó raudo a recibirme con una sonrisa. Antes de darme cuenta, ya estaba probando un delicioso vermut malagueño con un plato de aceitunas, ¡todo iba redondo! Mientras saboreaba mi vino, me sorprendí al ver que nuestro amigo, y artista, Pipo Riobóo, tenía algunas pinturas expuestas en la tienda. Semanas más tarde me llegó que José estaba organizando una cata de vinos de la Bodega El Niño de la Salina. Como os imaginareis, ¡no dudamos ni un segundo en apuntarnos!

Mainake Vinos preparada para la cata de la Bodega el Niño de la Salina

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Al llegar a Mainake Vinos para la cata, habían preparado una larga mesa pegada a la pared para sentarnos junto a otros 12 amantes del vino. La tarde incluía una cata de cuatro vinos diferentes, así como de diferentes patés gourmet de Cazorla a cargo de ArteMonte. ¡Estaba claro que iba a ser una auténtica experiencia gastronómica andaluza!

Productos para la cata de la Bodega el Niño de la Salina

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Sobre las nueve menos cuarto, Dani, el encargado de la Bodega El Niño de la Salina, cortó la conversación que estaba teniendo con José para presentarse a nosotros. “Será una cata bastante interactiva”, fueron sus primeras palabras. “Los vinos vienen de una pequeña bodega familiar de la provincia de Málaga. Son completamente ecológicos y hay algo diferente acerca de ellos, un factor sorpresa. Por eso es importante que no los probéis hasta que os diga. Primero os explicaré algo de lo que vais a probar”. Sonrió y concluyó, “va a ser una noche muy divertida”.

Vino tinto de la Bodega el Niño de la Salina

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Dani cogió la primera botella, de nombre Andresito y cuyo nombre estaba serigrafiado en la etiqueta a lo largo. Se paró un momento y nos comentó: “El nombre del vino viene de un sueño familiar. Andrés, el padre de la familia, era del pequeño pueblo de Almargen, donde hay una extensa tradición de producción del vino. Él siempre quiso abrir su propia bodega. Sin embargo la historia se cruzó en su camino y con ella la Guerra Civil, que paró sus planes en seco. Sus hijos trabajaron en grandes compañías toda su vida, pero cuando se retiraron decidieron hacer el sueño de su padre realidad”.

Los hijos de Andrés comenzaron a producir vino en 1999 con una pequeña cosecha en sus viñas. Desde entonces han crecido bastante hasta regentar actualmente 35 hectáreas y convertirse en el tercer productor más grande de Málaga. Cuando llegó el momento de ponerle un nombre a la bodega, decidieron rendir homenaje a la familia. Su abuelo vivía en un pequeño pueblo llamado La Salina y como en los pueblos todos se conocen por sus motes, el abuelo era El Niño de la Salina. Sin más, decidieron que éste sería el nombre.

Y el primer vino que probamos esa noche, fue nombrado por Andrés. Si miras la botella, parece que la etiqueta la ha dibujado o escrito un niño pequeño, pues Andresito es como era conocido el padre durante su infancia. Aunque pueda parecer una decisión extraña de marketing, la idea completa hace que el producto conserve sus raíces andaluzas, las raíces de la familia. A nivel comercial muchas veces se busca algo complejo olvidando la parte más importante para la gente, que conecte con historias reales que lleguen. Así que en este caso, Andresito, ha sido una decisión de éxito.

Catando el Paté de jabalí en Mainake Vinos

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Andresito es un vino joven tinto con un 60% de cabernet y un 40% de merlot, algo atípico en el sur. Han conseguido un gran balance y ha conseguido diferenciarse de otros vinos jóvenes tintos de Andalucía. Este complejo logro normalmente se consigue en el norte dejando los vinos en barricas, pero en este caso, no es necesario. El vino, en nariz, dejaba notas de pimientos verdes y madera. Fue perfecto para maridar un paté de jabalí gourmet un poco picante que nos ofrecieron, una pareja maravillosa.

Vino blanco Sauvignon de la Bodega el Niño de la Salina

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

También probamos un vino blanco Sauvignon llamada “Al Fresco”. Este vino también es más común en el norte y de hecho, es algo arriesgado producirlo en Andalucía. En este caso habían conseguido un limpio color dorado. Aromáticamente me trajo a la mente almendras amargas y frutas como la manzana o la pera. La sorpresa es que al paladar nada tiene que ver con ese toque frutal o dulce que esperaba. Maridó un paté de perdiz estupendo, que de hecho compramos más tarde para llevar a casa.

Paté de perdiz para maridar el vino blanco

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

El tercer vino de la noche también fue un vino tinto bajo el mismo nombre de “Al Fresco” y producido con uvas Syrah. Su aroma recordaba mucho al regaliz y su marketing está dirigido a ser un vino tinto para el verano. Sin embargo la idea original no fue ésa. Fue creado porque a la mujer de uno de los productores no le gustaba el vino tinto, así que ideó la forma de hacer uno que pudiera gustarle a ella. Y así nació el vino que probamos. Para mi gusto era algo dulce, pero puedo comprender que a alguien que no sea muy amante del vino pueda disfrutarlo.

Vinos Alfresco de la Bodega el Niño de la Salina

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

El último vino que disfrutamos fue un Pedro Ximénez, algo más típico de Málaga y cercano a los famosos vinos dulces. Las uvas habían sido dejadas madurar un poco más en la vid, algo típico de las montañas de la Axarquía. Dani rápidamente apuntó que es un dulzor natural, no un vino naturalmente dulce. No estoy completamente segura si esto tiene sentido, pero en este punto de la noche, con algo más de alcohol en el cuerpo, me sonó tan poético en mi libreta, que me decidí a incluirlo en el post. El vino tenía un precioso color caramelo y no defraudó. Un vino típico de Málaga para cerrar tan fabulosa noche.

Salchichón de Málaga para maridar los vinos

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

En este punto seguramente te estés preguntando por qué no habías escuchado antes sobre todos estos otros vinos producidos en Málaga. En la ciudad hemos tendido siempre a vendernos como productores de vino dulce, pero hay excelentes vinos tintos y blancos en la provincia. La respuesta es simple. Tenemos que hacer correr la voz, y aquellos que vivimos en Málaga tenemos que ser los primeros en pedir y preguntar por estos vinos. Cuando salimos por Málaga y vamos a un restaurante, muchas veces solo tienen un vino local (¡y eso con suerte!) Por eso, así como hemos madurado y ahora nos preocupamos por comprar en el mercado local y exigir gastronomía de la tierra, debemos extender esta mentalidad al vino. Y sinceramente, ¿por qué no hacerlo?

Mainake Vinos Málaga

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Fotos con licencia (by-nc-nd).
Foto portada (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

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