Vista de la fortaleza de Comares

Comares es un precioso pueblo blanco de la Axarquía. Nos sorprendió por sus empedradas calles y su intensa historia que data de tiempos prerromanos.

No os voy a mentir. Una de las muchas razones por las que me encanta visitar pueblos en España es ¡porque se come de lujo! Por ello cuando Pedro sugirió coger el coche y perderse por los Montes de Málaga, uno de mis primeros pensamientos fue que ese día disfrutaríamos de buena gastronomía. La mayoría de la gente que sube a los Montes de Málaga a comer va buscando el famoso “plato de los montes” (con lomo en manteca colorá, acompañado de patatas fritas, chorizo, huevo frito, morcilla y pimientos fritos). Con esto en mente el día estaba hecho, pero primero crucemos los montes.

Vistas desde los Montes de Málaga

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Pedro y yo, junto con nuestro querido perro Dino, nos metimos en el coche y empezamos a conducir a través de los Montes. Mientras en Málaga hacía un precioso día soleado, a medida que más subíamos la montaña, más encapotado se encontraba el cielo. Aún así las vistas eran preciosas desde arriba y, de vez en cuando, se dejaba entrever un destello del mar. Uno de los momentos más graciosos fue cuando, entrando justo en la Axarquía, nos encontramos un rebaño de ovejas. Tuvimos que salir del coche para que Dino pudiera decirles hola. Como os imaginaréis esto se convirtió en misión imposible ya que, mientras más nos acercábamos a ellas, éstas más se alejaban. ¡Estúpidas ovejas, si Dino no haría daño a una mosca! 😀

Arco de Málaga en Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Nos llevó casi una hora de carretera entre curvas y montaña llegar al precioso pueblo blanco de Comares. El nombre del pueblo proviene de la palabra árabe “Qumarix” y data de tiempos prerromanos. Los musulmanes convirtieron Comares en uno de los principales bastiones defensivos de la Axarquía, y esto aún es notorio mientras paseas por el pueblo en la actualidad.

Andando por las callecitas de Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Condujimos bajo el Arco de Málaga y entramos en la plaza del pueblo. Con su suerte perpetua, Pedro encontró aparcamiento rápidamente en la pequeña plaza que servía de punto de inicio perfecto. Desde aquí comenzamos a deambular por las estrechas calles en busca de un buen sitio para comer. Unos amables lugareños nos comentaron que había pocas opciones en el pueblo. El Tropical nos dijeron que era el mejor, así que nos decantamos por El Tropical porque habíamos visto más locales en éste, y más turistas en otros.

Plato de chivo malagueño en Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Plato de migas en Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

No nos equivocamos en nuestra decisión y disfrutamos de un plato de migas con chorizo, huevo frito, pimientos y algo de magro de cerdo. También pedimos un plato de chivo con patatas. Los dos platos estaban deliciosos, aunque yo personalmente me decanto más por las migas. Para el postre todavía guardamos un poco de estómago para probar el arroz con leche casero.

Plato de arroz con leche en Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

 

Una vez recargadas las pilas estábamos listos para explorar el pueblo. La mala suerte fue que justo en ese momento nos empezó a llover; no nos quedó más remedio que aguardar bajo el porche de un vecino a que pasara la tormenta. Tras escampar un poco, los dos y Dino nos dirigimos a explorar la antigua fortaleza. Nos recomendaron encarecidamente que la visitaráramos ya que las vistas desde ahí son espectaculares. De hecho hay una plaza con dos pequeños arcos blancos que hacen de escenario perfecto para una foto con el pueblo de fondo y el arco haciendo de marco. Justo al lado se encuentra también el cementerio que es muy bonito y desde se obtienen maravillosas vistas del valle. En un día claro podrás ver hasta el Mar Mediterráneo a lo lejos (¡nosotros no tuvimos esa suerte!)

Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Desde la fortaleza bajamos hacia el pueblo siguiendo las huellas de cerámica pintadas en el suelo en azul y blanco. No paraba de pensar en cómo sería vivir en un pequeño pueblo de España. En lo alto de la montaña, a 45 minutos en coche de la costa y con unas calles empinadas que incluso llevando zapatillas de montaña casi me resbalo y caigo colina abajo. Es una noción romántica, lo sé. Es algo que me gustaría probar durante unas semanas, incluso un año; aunque no sé si más ya que somos muy de ciudad.

Azulejos en Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

A medida que vas caminando por el pueblo asegúrate de leer los mosaicos con la historia del pueblo. Te recuerda que el pueblo ha existido durante muchos siglos, haciéndote sentir la cantidad de historia que sostienen sus calles. Subimos unas escaleras para llegar a la Plaza de los Verdiales. Los verdiales son un baile tradicional malagueño y el Monumento al Fiestero que hay nos da una idea de los mismos. En esa misma plaza me quedé fascinada con el mural de azulejos pintados. Sin embargo, mi parte favorita fue las vistas desde el otro lado de Comares. Desde aquí se obtiene una gran panorámica de la fortaleza mientras la contemplas a través del los tejados del pueblo.

Plaza de los Verdiales en Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Terminamos nuestro paseo un poco pasada la iglesia en la parte alta. Fue en este punto donde una señora salió de su casa a preguntarnos si queríamos fruta local o miel. Entre los llenos que estábamos y su estrategia de venta agresiva, tuvimos que declinar la opción educadamente. Más tarde aprendimos que es habitual que esta mujer pare a los viajeros con el ánimo de venderle sus productos de temporada.

Las calles de Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Tras explorar las calles un poquito más, dejamos la vista perdida un poco más desde el Balcón de la Axarquía y pusimos rumbo a Málaga nuevamente por las montañas. Comares es un excelente destino para un viaje de un día desde Málaga, ya que ofrece una experiencia diferente a la de la Costa del Sol. Estas son las montañas causantes de bloquear el paso de las nubes, lo que permite a Málaga disfrutar de su microclima. Comares es también parte de la ruta de la uva pasa, la ruta del vino y la ruta del aceite de oliva. ¡Estoy segura de que la mujer que nos quiso vender los productos, nos hubiera deleitado con ellos!

Comares desde arriba

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Además de en coche, hemos visto en GoEuro que se puede llegar a Comares en autobús. Se tarda aproximadamente una hora y media, pero es bastante cómodo y no es mucho más con respecto al coche. Ruskomendamos un viaje a Comares y los pueblos blancos de la Axarquía con 5 boquerones. Hay algo mágico en estos pueblos blancos que siempre me dejan sin palabras. Debe ser el blanco de sus paredes, sus calles estrechas decoradas con geranios. ¡Puro alma andaluza!

Iglesia de Comares

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero