Interior del puente de la Expo de Zaragoza

Interior del puente de la Expo de Zaragoza

El recinto de la Expo de Zaragoza sirvió para reivindicar la problemática del agua. Hoy ha quedado como un espacio para pasear entre esculturas futuristas.

Tengo que admitir que cuando empecé a escribir este artículo, pensaba hablar de toda la arquitectura y los edificios interesantes que todavía han quedado desde la Expo del 2008 en Zaragoza.  Pero también es verdad que a mitad de la escritura me sentía como si estuviera componiendo un artículo para la Wikipedia en vez de para El Boquerón Viajero.  Así que he decidido cambiar el rumbo y contaros mi versión de lo que vimos en el campo del Expo en Zaragoza.  Para lo de la arquitectura y los detalles, no os preocupéis, todavía se puede encontrar toda esa información en nuestro “amigo” virtual y omnipresente de Wikipedia.  Así que espero que sigáis leyendo con el espíritu de Rusko y el Boquerón Viajero.

Escultura de letras en la Expo de ZaragozaEn el 1957, escribió Tennessee Williams en Orpheus Descending, “El futuro se llama “quizas,” lo cual sólo es la única manera posible para llamar al futuro.  Y lo único importante es no dejar que te dé miedo.”  Esta cita resume el sentimiento que tenía al ver los grandes edificios construidos para la Expo de Zaragoza en 2008.  Son, en sí mismos, muy futuristas y modernos, tanto en forma como en diseño.  Hay un pabellón en forma de puente que tiene su utilidad porque te ayuda a cruzar el Río Ebro, pero a la vez es muy interesante con sus 4 espacios de exposición y sus curvas futuristas.  Primero vimos el puente desde lejos y con la curiosidad de un niño bajamos corriendo la colina para ver el puente desde abajo, justo a la orilla del río.  Brincamos por el paseo de la meditación y sacamos fotos de ángulos raros en esa tarde gris de otoño.  Era como un cuento esperando ser contado.  Era un quizás que todavía no existía.  ¡Cómo de lleno tenía que estar este parque durante la Expo! ¡Cuántos niños, todo lleno de vida , lleno de turistas!, pero en ese día, la zona estaba casi encantada, el aire impregnado con las voces que en el aquel entonces existían.

A mitad de camino en el puente vi a través de una de las ventanas una escultura muy grande.  Era una cabeza blanca hecha de letras y que era bastante alta. Cómo teníamos pensado ver la Expo rápidamente y coger el tren, empecé a correr hacía la escultura sin pensarlo dos veces.  Creo que a veces sale el niño que tenemos dentro, cómo Fred Rogers dijo sabiamente, “a veces ese niño está quieto y a veces no tan quieto.”  Esas veces que nos dejamos llevar por la voz de nuestro “niño”, sin pensar en quién nos podría estar observando…esas son las veces cuando nos sentimos realmente libres.  Allí, en ese puente abandonado que dio paso a un futuro olvidado, empecé a correr hacía una escultura ignorada por los jóvenes con sus monopatines al lado.  Cuando llegué al pie de la escultura me di cuenta de que se podía entrar hasta el centro de esa cabeza gigantesca hecha por letras.  Y es verdad que jamás he podido resistir la llamada de interactuar con las esculturas, y menos cuando estén en espacios de la naturaleza.

Escultura y teleférico de la Expo de ZaragozaCerca de la escultura de la cabeza grande había otras obras de arte.  Una estaba compuesta de varias cajas que tenían grabadas citas sobre la importancia de proteger el agua potable del mundo, ya que la temática del Expo 2008 fue el agua y el desarrollo sostenible.  De hecho, la mascota de la Expo era una gota de agua con una pinta rarita que se llamaba Fluvia. Este sitio era un patio de recreo para los que nos gusta sacar fotos o dejar correr nuestra imaginación con los edificios que tienen un toque futurista que hasta podrías pensar que estuvieras en una tierra nueva.  La corriente deprimente que corre debajo de ese mundo futurista, aún más evidente en ese día gris, viene con el hecho de que los edificios no se encuentran en el año 2090, sino que fueron construidos hace años y han sobrevivido como si fueran pequeños monumentos a la emoción a corto plazo.

Todo esto nos deja preguntándonos: ¿Hasta qué punto nos dejamos llevar para atravesar el puente futurista con el abandono de un niño? ¿Cuándo dejamos de imaginar las estructuras de colorines o con las curvas de la última nave espacial?  Espero que nunca, y Rusko estará de acuerdo conmigo.

Expo de Zaragoza

Edificios y escultura de letras en la Expo de Zaragoza

Puente de la Expo de Zaragoza

Escultura en la Expo de Zaragoza