Isla de Egina, Grecia

Isla de Egina es una preciosa isla griega muy cerca de Atenas

Vistas de la orilla es Isla de Egina, Grecia

Nuestro último día en Grecia comenzó corriendo para arriba y para abajo. Cogimos el metro hasta el puerto de Atenas y vimos un edificio pequeño que vendía los billetes para el barco que nos llevaría a la isla de Egina. No es una de las islas más bonitas de Grecia, pero está ubicada bastante cerca de Atenas y nos permitiría pasar más tiempo. En el barco estaba impresionada con el color claro del agua azul turquesa y las vistas preciosas.

Barco hacia la Isla de Egina, Grecia

Al salir del barco nos percatamos de dos cosas: la primera, que la isla era justo lo que buscábamos y segundo que allí venden pistachos. Compramos una bolsa de pistachos sin pensarlo dos veces y empezamos a explorar la pequeña Isla de Egina. Encontramos una iglesia, casas y calles muy típicas y luego, la tienda de bicicletas.

El hombre que alquilaba bicis nos convenció a mis amigas y a mí de que sería una gran idea alquilar bicicletas (a pesar de que no habíamos montado en bici en muchos años). Así que alquilamos y salimos de su tienda empezando la ruta que nos llevaría por la periferia de la Isla de Egina. Era como si estuviéramos en una película. Las vistas eran impresionantes mientras sentíamos el viento en la cara y contemplábamos el sol bailando sobre el agua. Fue una mañana inolvidable.

Para comer paramos en una taberna que estaba a mitad de camino más o menos. El sitio era familiar y muy informal. Compartimos hojas de uva rellenas con arroz y especias, albóndigas y calamares entre las cuatro. Después de comer hubo un pequeño problema en la vuelta hasta el pueblo. Las calles de la Isla de Egina son muy estrechas, y mientras un coche nos señalaba para cambiar de carril mi amiga se cayó de su bici. El conductor paró su vehículo y siguió gritándonos en griego con algunas palabras en inglés. Por lo visto, ellos intentaban avisarnos de su maniobra, pero consiguieron asustarnos y casi romper la bici alquilada. Al volver al pueblo compramos un helado para consolarnos del trauma.

Calles empedradas de la Isla de Egina, Grecia

De vuelta en el hotel tomamos un rato para arreglarnos antes de cenar. Acabamos en el mismo restaurante que la noche anterior porque disfrutamos tanto del ambiente y la comida y como todos los sitios eran más o menos para turistas, daba un poco igual. Si tengo la oportunidad de volver a Grecia, intentaría buscar más información sobre los sitios locales, pero como esta vez hicimos lo mínimo en cuanto a la preparación decidimos disfrutar de la comida y el vino. Para el postre, encontramos un sitio tradicional y compramos baklava (hecho de hojaldre, nueces y miel) y otro tipo de dulce con algo parecido a queso Filadelfia dulce dentro de un cono de hojaldre. Esa segunda delicia lo llamábamos “delicia de queso” aunque nunca aprendimos su nombre verdadero.

En fin ¡lo pasé en grande en Isla de Egina! La comida fue espectacular, los paisajes nos dejaron sin aliento. Yo aconsejaría que no paséis más de un día en la Isla de Egina . Un día me gustaría poder volver a viajar a más islas, probar más sitios locales y ver el campo, pero ya veis, siempre es bueno tener una razón para volver ¿no? Ruskomendamos una visita a la Isla de Egina con 4 boquerones.

 Hojas de uva rellenas con arroz y especias en la Isla de Egina, Grecia

Puesto callejero en la Isla de Egina, Grecia

Baklavas en la Isla de Egina, Grecia

Vistas de la Isla de Egina, Grecia, desde el barco

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