01 Portada Paseo antes de cenar Kempinski Hotel Bahia

Nos encantó vivir unos días de relax junto al mar en un resort privilegiado, mimados por su servicio exclusivo y gozando de una experiencia gastronómica selecta y variada.

Nuestro coche de alquiler volaba por la A-7 bordeando la Costa del Sol, hacía un día estupendo y soleado tras semanas de cielos grises y deprimentes por Madrid, y a la izquierda el mar de un precioso azul turquesa se expandía hasta el horizonte.

Íbamos camino de Estepona, uno de los pueblos más occidentales de la Costa del Sol. Aunque vivimos en Málaga durante dos años, nunca tuvimos tiempo para explorar esta ciudad con encanto, un centro histórico lleno de balcones repletos de flores y un camino de murales artísticos al nivel de Bushwick, Brooklyn o Filadelfia, en Pennsylvania. Yo estaba sentada en el asiento de atrás con Paula, que tiene dos meses y medio —su primer viaje grande aparte de las visitas a la familia—, y ya tocaba un fin de semana relajado, buena comida, sol y mar con un pelín de magia andaluza. Pedro llevó el coche hasta el parking del Kempinski Hotel Bahía y ya todo estaba a punto para comenzar nuestra escapada familiar.

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Abby en la recepción del Kempinski Hotel Bahía Estepona

No era nuestra primera visita al Kempinski Hotel Bahía. Hace un par de años asistimos al ronqueo del atún, un evento gastronómico único en el que el Chef Raúl Cob junto con su equipo cortó un atún entero, y luego nos deleitaron con sus platos creativos usando cada pieza del atún fresco. Fue espectacular y la imagen del mar Mediterráneo al atardecer se sumaron a la experiencia para hacerla aún más especial.

Creo que en ese momento incluso comentamos lo bonito que sería pasar un fin de semana en el hotel, porque nos sentimos realmente alejados de nuestra vida cotidiana, en un resort con vistas tan estupendas al mar, comida de calidad con estrella Michelin y un servicio muy atento. Así que cuando nos ofrecieron la oportunidad de pasar un fin de semana en el hotel recién reformado y poder disfrutar de los nuevos restaurantes del Paseo del Mar, ¡no podíamos rechazar la oferta! Además, iba a ser la primera experiencia de Paula en un hotel, así que la idea de que podríamos relajarnos sin el estrés añadido de hacer turismo con un bebé de dos meses, nos pareció ideal.

Pedro en el lobby del Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Esta fue nuestra primera visita al hotel después de finalizar sus reformas el pasado mes de marzo, y nos impresionó el lobby abierto con ambiente de resort que notas nada más entrar. Los techos altos y la decoración moderna en tonos azul oscuro y verde monasterio iba perfecto con los muebles con toques de mimbre, y las esculturas del artista malagueño Pedro “Pedrín” Rodríguez. A lo mejor reconocerías su obra si lo vieras. Es distinguido por sus esculturas estilizadas de toros y caballos.

En el suelo se disponía una alfombra grande con un mapa de España y Portugal, y cerca de los ascensores había una mesa larga y una pared de libros que imitaba una biblioteca donde podías consultar a un experto en viajes y así programar tus actividades para tu estancia (golf, senderismo, deportes acuáticos o compras, por ejemplo). Para nosotros nuestros intereses incluían pasar tiempo al lado de la piscina, dar paseos por la playa y disfrutar de los nuevos restaurantes mientras atendíamos a las necesidades de la pequeña Paula.

Tarta de bienvenida Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Nuestra habitación era espaciosa y la llegada fue aún más dulce gracias a la tarta de mousse de chocolate y naranja que nos dejaron como regalo de bienvenida. Y por si todo eso no fuera suficiente para enamorarnos, teníamos ante nosotros un panorama envidiable del mar Mediterráneo desde el balcón. Además, al final de cada día, en el Kempinksi te dejan un tentempié en la habitación y el primer día fueron unas pastas de té inspirado en al-Ándalus. ¡El mejor, en nuestra opinión, fueron los bocados de baklava! Con tanta mantequilla y capas de hojaldre que casi se te derretían en la boca. “Estos tienen que ser pecado mortal,” decía Pedro comiendo su segundo baklava mientras contemplaba el mar.

Abby y Paula en el balcón Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Abby y Paula comiendo en el Spiler del Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Teníamos una reserva para comer en el Spiler Beach Club, el mismo sitio donde asistimos al ronqueo de atún hace un par de años. El restaurante tiene mesas dentro y fuera, así que aprovechamos el buen tiempo para sentarnos en la terraza mientras contemplábamos el mar a través de las palmeras. No podía evitar pedir una cerveza bien fría (aunque la mía fue sin alcohol ya que estoy dando el pecho a Paula), y para los entrantes pedimos tacos de atún con una salsa deliciosa y mayonesa de yuzu.

Entrante del Spiler Beach Club en el Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Pedro comiendo en el Spiler Beach Club en el Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

No estoy muy segura de qué es el yuzu, pero tenía un sabor ligero y fresco que combinaba muy bien con el atún. También compartimos una tabla de pescaíto con pulpo a la brasa, croquetas de gamba, pimientos de Padrón, aceitunas y boquerones. Para el plato principal yo pedí la lubina y Pedro eligió la dorada. Ambos platos venían con verduras de acompañamiento y el camarero nos ofreció quitar las espinas del pescado para que pudiéramos disfrutar aún más de la experiencia culinaria. No quedaba espacio en nuestros estómagos para el postre, pero sí disfrutamos de un café frente al mar.

Abby y Paula en la piscina con zumo natural del Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Pasamos la tarde relajándonos cerca de la piscina, leyendo y durmiendo la siesta. Luego merendamos un zumo natural del Spiler Pool Bar. Elegimos uno que llevaba zumo de naranja, zumo de piña y fresas, con lo cual tenía el color de la puesta del sol y el sabor del verano. No fue hasta las ocho de la tarde cuando decidimos que hacía fresquito, y volvimos a la habitación para ducharnos y prepararnos para la cena.

Pedro y Paula en la playa del Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Como íbamos en plan relax, decidimos cenar en el hotel esa noche, aunque sólo tardas 10 minutos en coche para llegar a Estepona o 30 minutos hasta Puerto Banús, si te apetece probar un restaurante local. Lo que sí disfrutamos fue caminar antes de la cena por el paseo que recorre la distancia desde la playa hasta Estepona. Es un sitio perfecto para mantenerse en forma, correr o andar, y en nuestro caso, fue ideal para un dar un paseo relajado antes para hacer hambre.

Comiendo pescado fresco al lado del mar en el Kempiski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

La mañana siguiente tuvimos la oportunidad de probar el desayuno buffet del Kempinski Hotel Bahía. No siempre me gustan los desayunos de hotel, porque de pequeña he tenido unas experiencias bastante malas en los hoteles de los EE.UU. Hablo de leche, cereales, donuts del día anterior, fruta casi pasada, zumos de bote y café de puchero. El buffet del Kempinski no tenía nada que ver, y había opciones para cualquier gusto. Tenía una amplia selección de frutas y yogures, embutidos, una mesa entera de panes y bollos frescos, quesos, huevos a tu gusto, tortitas y pastelitos. Incluso había una mesa con opciones especialmente pensadas para los viajeros más pequeños. Lo mejor, sin lugar a dudas, era que podías ver el mar desde casi cualquier mesa tanto dentro como fuera. El camarero nos trajo el zumo energético del día y nuestra selección de té o café.

Tomando el desayuno en el Kempiski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Nuestro segundo día en el Kempinski Hotel Bahía estaba lleno de opciones. Podríamos haber disfrutado de un tratamiento de spa, o pasar el día en la playa o en la piscina, descansar en la habitación con su terraza de lujo o ir a Estepona para explorar un poco. Al final decidimos pasar el día en Estepona, ya que nunca habíamos visitado la ciudad. Aparcamos sin problema en el parking del centro (que sólo nos costó un euro para cuatro horas, por cierto). Desde allí paseamos por el casco histórico, con sus balcones llenos de flores y su encanto andaluz.

Las piscinas del Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Casco histórico de Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Para comer probamos un sitio en una callejuela cerca de la plaza donde habíamos dejado el coche que se llamaba Casa Orta. Había una mesa con unos abuelos tomando el aperitivo, así que supusimos que era un sitio no demasiado turístico (un peligro siempre en la Costa del Sol). Pedro y yo compartimos la ensalada malagueña, porra y las albóndigas caseras. Fue la comida perfecta para darnos un chute de energía. Terminamos nuestra corta visita a Estepona con un paseo para ver los murales artísticos patrocinados por el ayuntamiento y un punto cultural que nos sorprendió gratamente.

Abby y Paula paseando por Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Murales en Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Tras una larga siesta, Pedro, Paula y yo bajamos al Black Rose Bar para probar un cóctel a la hora del crepúsculo. Pedro probó el Mint Julep, que venía en un vaso frío de metal y yo pedí una bebida de pomelo sin alcohol servida con una rodaja de naranja azucarada encima. Paula sólo quería estar en brazos de mamá o papá así que era un pelín complicado disfrutar de las almendras, aceitunas y patatas fritas que acompañaban a nuestras bebidas, pero lo logramos y anotamos mentalmente que teníamos que volver otro día, cuando los abuelos pudieran hacer de niñera… ¡jeje!

Cóctel en el Black Rose Bar del Kempinski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Para cenar y pasando junto a la piscina, bajamos las escaleras que conducen al Baltazar Bar & Grill. La idea detrás de las opciones gastronómicas del Kempinski Hotel Bahía es un “Paseo del Mar.” Se puede entrar al hotel, tomar algo en el Black Rose Bar y luego bajar las escaleras o al Baltazar o al Spiler Beach Club y después ir a la playa para dar un paseo. Cualquier persona puede acceder a los restaurantes, no es algo exclusivo para los huéspedes del hotel.

Cena en Baltazar del Kempiski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Fue nuestra última noche en el Kempinski Hotel Bahía y teníamos muchas ganas de probar la comida del Baltazar. Empezamos con un entrante de pulpo a la brasa junto con una cesta de pan casera y aceites de oliva locales. Para el plato principal Pedro pidió lubina hecha a la parrilla Josper y yo pedí gambones hechos en el horno tandoori. Incluso nos enseñaron cómo funciona el horno tandoori. Básicamente ponen el pescado en un espeto y lo meten en el horno. El jugo del pescado cae y con el calor se crea un vapor que termina de cocinarlo.

Postre en el Baltazar del Kempiski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

El resultado fue maravilloso y no pudimos resistir probar un par de bocados el uno del plato del otro. Para el postre, al que fue imposible resistirse, pedí el coulant de chocolate con helado de caramelo y Pedro pidió la fruta de temporada con sorbete de limón. En resumen, fue una comida espectacular con muy buen servicio unido a las vistas de las piscinas y del mar en la distancia.

Pedro en la zona de piscinas del Kempiski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero

Nuestra estancia en Estepona fue una escapada perfecta de nuestra vida cotidiana en Madrid. Pudimos desconectar y disfrutar del tiempo en familia mientras nos dimos un par de caprichos en el hotel. Aunque hayamos vivido dos años en la Costa del Sol (bueno, Pedro creció en Málaga capital, pero en mi caso han sido dos años y muchas visitas), esta zona ha sido un cambio perfecto lejos de la rutina. Sólo estábamos a una hora en coche de la ciudad de Málaga, pero parecía otro mundo mientras estuvimos en el hotel. Si viviéramos más cerca, diría que también es un sitio perfecto para una cena o comida especial y un cóctel con el mar siempre ante los ojos. El paraíso te espera.

Abby y Paula en la entrada del Kempiski Hotel Bahía Estepona

Foto (by-nc-nd) de El Boquerón Viajero